martes, 16 de julio de 2013

Tormentos.

Basta, basta ya. Ella no podía dejar de gritar en sus pensamientos, todo había cambiando. Él ya no era como antes, apenas le prestaba atención. Intentaba mostrar que su vida era perfecta aunque, sinceramente, no lo era. Ella siempre había estado a su lado apoyándole en cada decisión y él en cambio, solo mostraba frialdad y distancia. ¿Qué había podido ocurrir? En sus pensamientos, ella solo recordaba las palabras que le acababa de dedicar su orgulloso novio: Te quiero. Y así era, él la quería con gran parte de su corazón. Pero ella no le llenaba, sus amigas le proporcionaban un placer que ella no podía darle. Él siempre pensaba que la quería, pero se engañaba a sí mismo. La quería a ella, le gustaban las demás. Y es algo que por mucho que ella luchara en contra, no podía evitar ya que no puedes obligar a querer a nadie. Ella quería terminar con todo, pero no podía. Su corazón le decía que le amaba, su cabeza, que le detestaba. Y cuando se encontraba entre sus pensamientos, cubriendo su cuerpo con una sola camiseta apareció él, y con cara de repugnancia le clavó una de las palabras más duras que ella nunca había oído: "Tendrías que empezar a hacer ejercicio, te estás poniendo gorda y no quiero que mis amigos piensen que salgo con una foca". Su pesadilla acababa de comenzar.