domingo, 24 de marzo de 2013
Domingos mágicos.
Los domingos son los días idóneos para relajarse y descansar después de una semana agotadora. Pero este domingo no era como otro cualquiera. Tras ponerme mis vaqueros favoritos y una amplia sudadera, baje corriendo las escaleras, como si corriendo pudiera huir de mis pensamientos. Una vez en la calle miré a mi alrededor. Tan solo eran las ocho de la tarde, pero ya había una total oscuridad. Mis pies comenzaron a andar por si solos y me dirigí al parque más cercano. No me había acercado mucho cuando ya pude ver como una pareja feliz se abrazaba en un banco. Sentí como si toda su felicidad se clavara en mi corazón, tenía que alejarme de todo, tenía que poner mis pensamientos en orden. Así que corrí y corrí hasta llegar al río. La luna parecía sonreírme desde lo alto, ella tan majestuosa y yo tan insignificante… Saqué mi paquete de tabaco y elegí el primer cigarro que ví, me lo puse en los labios y al encender el mechero, no le quedaba gas. Lo que faltaba, pensé. Pero las cosas no siempre son tan malas como parecen. A veces, ocurren pequeños cambios que nos sacan sonrisas y nos ayudan a avanzar. Escuché una voz tras de mí diciendo ¿Quieres fuego? Me limpié las lágrimas de mis mejillas y me giré esbozando una falsa sonrisa. Y nada más verte entendí que cuando se cierra una puerta, siempre se abre una ventana.
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